¿Los adolescentes aman el riesgo?

conductas de riesgo en adolescentes

Conductas de riesgo en adolescentes

 

Afirmar que las personas adolescentes aman el riesgo sería una exageración, pero no tan alejada de la realidad, ya que las conductas de riesgo en adolescentes forman parte de su comportamiento usual debido a la edad.

Es sabido que, durante la adolescencia los chicos y chicas jóvenes se identifican más con sus iguales que con sus padres o madres, y tienden a realizar todo lo que el grupo hace para sentirse integrados. La necesidad de encajar con los demás, junto con el miedo al rechazo, hacen que, a veces, sigan conductas que por iniciativa propia no harían.

Resulta preocupante que las personas adolescentes de la actualidad, a pesar de su dominio de las nuevas tecnologías, no se sienten integradas ni valoradas en la sociedad. Eso pasa porque la adolescencia sigue siendo una etapa muy estigmatizada y poco valorada por el mundo adulto. Y sí, eso tiene relación directa con que muchas personas adolescentes -que no todas- se involucren en actividades que puedan ser peligrosas para su integridad física, social, mental y emocional.

Pero, aunque nos preocupe, en cierto modo es normal que las personas adolescentes corran ciertos riesgos. La toma de conductas de riesgo en adolescentes es una parte importante de su etapa para encontrar su identidad y convertirse en jóvenes adultos independientes. Es un modo de ponerse a prueba, de transgredir las normas y límites de las personas adultas, y de ver hasta dónde pueden llegar.

conductas de riesgo en adolescentes

Principales conductas de riesgo en adolescentes

 

Que se reproduzcan generación tras generación las conductas de riesgo en adolescentes pasa, principalmente, porque durante la adolescencia hay cambios en el cerebro que hace que se centren más en la recompensa que sienten cuando son admirados por sus amistades y en el refuerzo positivo que obtienen al ser incluidos.

Por eso, las amistades se vuelven tan importantes durante la adolescencia, sintiendo incluso angustia si no tienen amistades o son rechazados socialmente. Y es por ese sentimiento, por lo que si el grupo al cual pertenece le exige actuar de cierto modo, lo más probable es que haga lo que el grupo le dice para poder ser aceptado o aceptada. Y ahí es donde entran las conductas de riesgo, tales como alcohol, tabaco, o drogas, entre otras.

Cuando las personas adolescentes asumen riesgos injustificados, a menudo se debe a la debilidad de sus sistemas analíticos, que proporcionan un control inadecuado de las decisiones impulsivas o poco meditadas. El significado social desempeña un papel importante en el aumento o la disminución de la asunción de riesgos por parte de las personas adolescentes.

Cierto es, que la personalidad y el comportamiento de las personas adolescentes es diferente, no se puede generalizar. Se  podría decir que no hay dos adolescentes iguales. Por lo tanto, el trato hacia ellos o ellas debería ser equitativo, acorde a los intereses, motivaciones e inquietudes personales. No tiene sentido poner unos límites estrictos a un adolescente que demuestra responsabilidad día a día, del mismo modo que un adolescente que demuestra lo contrario sí requiere de más normas y autoridad.

Pero debemos entender que, aunque no todo adolescente va a asumir conductas de riesgo, ni va a transgredir las normas del mismo modo, es natural que lo hagan. Y es sano que lo hagan, forma parte de su aprendizaje. Y la diferencia tiene mucho que ver con la educación que recibe en casa, pero también con su socialización.

Evitar las conductas de riesgo en adolescentes

 

La relación de un hijo o hija adolescente con su padre o madre tiene un impacto muy importante en su percepción de riesgo. Una falta de comunicación o autoridad hará que asuman más riesgos, no solo a nivel conductual, sinó también a nivel emocional, por no sentir el respaldo adulto. Por contra, una excesiva sobreprotección muy posiblemente hará que asuman más riesgos por afán de asumir independencia y libertad.

En el equilibrio está la clave de la educación. Y en educar según su actitud, y no según su edad. En educar según su responsabilidad y madurez, en lugar de nuestras expectativas.

Recordemos que las personas adolescentes son observadoras y jueces de la conducta de los adultos, más de lo que nos pensamos. Por ello, para conseguir su respeto y una comunicación fluida se debe tener una cierta autoridad -que no autoritarismo- y representar un modelo a seguir positivo. Y sin duda, la estabilidad familiar juega un papel crucial en la educación y formación de los adolescentes para tomar decisiones inteligentes respecto a sus vidas.

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Acerca de Eli Soler

Blog especializado en Adolescencia y Educación, con recursos educativos para familias y profesionales.

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