Cuándo derivar un adolescente al psicólogo y de quién es la decisión

Cuándo derivar un adolescente al psicólogo

Cuándo derivar un adolescente al psicólogo y de quién es la decisión

Responder cuándo hay que derivar un adolescente al psicólogo y de quién es la decisión de hacerlo es sin duda un tema complejo a analizar.

Como psicóloga que trabaja con adolescentes, me he encontrado en alguna ocasión con un o una adolescente que viene a la consulta “obligado” por sus padres. Y eso forma un debate ético y moral donde hay varios aspectos a analizar.  Al margen también, de que trabajar con un adolescente que viene “de culo” a las sesiones ya os avanzo por experiencia que no es nada productivo.

Una pregunta que me planteaban el otro día en twitter es ¿Pueden los adultos obligar a un menor a asistir a una consulta psicológica? Para responder a esta cuestión hay varios puntos a analizar. Ya os avanzo que no vamos a encontrar una respuestas blanco o negro.

Quién decide derivar un adolescente al psicólogo 

 

  • El mismo adolescente. Por una parte, habría que analizar la madurez o la capacidad personal del adolescente, su estado emocional, la edad, la reversibilidad o irreversibilidad de la actuación, y la gravedad o el riesgo de que conlleva su estado. Todos estos aspectos personales nos ayudarán a buscar la solución más óptima, más beneficiosa, y más respetuosa para su caso individual. El adolescente tiene sus derechos, y aunque esté inmerso en un proceso de maduración, va adquiriendo progresivamente capacidad para decidir por sí mismo, por tanto escuchar su opinión sobre si quiere o no acudir al psicólogo es fundamental.
  • Los padres o tutores legales. Por otra parte, los padres o tutores legales tienen la responsabilidad y el deber de favorecer el crecimiento personal del adolescente, y de velar por su salud emocional. Este deber comporta la responsabilidad de decidir por el menor cuando éste no es capaz de hacerlo por sí mismo. Pero, también conlleva la responsabilidad de procurar tener en cuenta la opinión del adolescente y respetar sus decisiones. Pero claro, garantizando siempre su bienestar y seguridad.
  • Los profesionales sanitarios. Debemos recordar que, los profesionales sanitarios tienen el deber, ético y legal, de respetar los menores de una manera equilibrada, dando prioridad a la opinión del adolescente. La tarea de los profesionales sanitarios será ayudarle a decidir e intentar facilitar la comunicación con los padres o tutores. Pero siempre garantizando la salud y bienestar del menor.
  • Los docentes. En muchas ocasiones, los docentes son los que están en contacto directo con los adolescentes, y por tanto pueden detectar algunas señales, que los padres pueden haber pasado por alto, que les indica que hay algún aspecto emocional que es motivo de preocupación. Y su deber, en estos casos, es informar a la familia y velar por el bienestar del adolescente.

Cuándo derivar un adolescente al psicólogo

Principios básicos que debemos respetar cuando tratamos con adolescentes

 

  • El principio de autonomía. Entendemos por autonomía la capacidad de decidir por uno mismo y asumir la responsabilidad moral de sus propias decisiones. El profesional de la salud puede ayudar lealmente (es decir, sin llegar a la coacción) a que el adolescente tome la mejor decisión. Cuando más autónomo sea ​ el adolescente, mayor capacidad tendrá de actuar positivamente sobre su salud. Pero respetar, permitir y promover la autonomía de los menores en el ámbito sanitario no quiere decir:
    •  Dejarlos desamparados.
    • Obligar a decidir.
    • Olvidar los padres en el proceso de salud y enfermedad del menor.
    • Ceder a sus peticiones, cuando su decisión está limitada por otros factores.
  • El principio de confidencialidad. Este principio nos afirma que las personas pueden decidir por sí mismas qué información quieren o no compartir con los demás. La confidencialidad, sin embargo, no es sólo una obligación ética, deontológica y legal los profesionales de la salud, sino también una herramienta imprescindible para hacer bien su trabajo. Sin el respeto a la confidencialidad no hay confianza, y sin confianza el profesional sanitario difícilmente podrá desarrollar su tarea. Por tanto, los adolescentes pueden decidir de manera autónoma compartir o no la información facilitada.
  • El principio de vulnerabilidad. Debemos tener también presente la mayor vulnerabilidad en que se encuentra el adolescente por ser menor de edad, que hace que sea menos autónomo, y por tanto, necesita recibir ayuda para decidir. Desde el punto de vista ético, la medida de cómo actuar ante un menor no nos la da simplemente la edad, sino su grado de madurez para tomar una decisión y su capacidad para comprender y decidir sobre la situación en que se encuentra. Por tanto, no todos los adolescentes son vulnerables para decidir si quieren o no ir al psicólogo.

Es importante recalcar, que el principio de autonomía y el derecho a la confidencialidad tienen limitaciones cuando la persona no es competente para tomar una decisión o se puede provocar un daño a si mismo o a un tercero. Habrá que ser muy cuidadosos en las situaciones de riesgo grave para la salud y tener en cuenta siempre el bienestar del menor.

Toda esta información la encontramos reflejada en el Código Deontológico, que viene a ser un documento que recoge un conjunto de normas y valores que se deben cumplir  para llevar a cabo correctamente una actividad profesional.

En conclusión, respondiendo a cuándo hay que derivar un adolescente al psicólogo y de quién es la decisión, es fundamental escuchar la opinión del menor y respetarla, siempre que esto sea posible y no vaya en contra de su salud. Pero cuando el adolescente no esté capacitado a nivel madurativo para decidir o su salud se vea vulnerada, serán los padres o tutores los que decidirán qué es lo mejor para su bienestar y si hay que derivar al adolescente al psicólogo.

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Sobre nosotros Eli Soler

Blog especializado en Adolescencia y Educación, con recursos educativos para padres y madres de adolescentes y profesorado.

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